martes, 30 de junio de 2009

VI CERTAMEN LITERARIO

En proximos dias dispondremos de la informacion

II CERTAMEN LITERARIO

La Asociación Cultural “El Yelmo” en sus veinte años de trabajo, fomentando la cultura, la educación, la igualdad de genero, y todo aquello que creemos que es relevante para el enriquecimiento del ser humano. El Certamen Literario “Carmen de Michelena” se ha enmarcado dentro del programa de actividades que se realizan durante todo el año por esta asociación, cuyo tema debe ser MUJER. La importancia de la literatura con problemáticas de mujer, reflejo de la sociedad vista por las mujeres y hombres, con unos valores y una determinada forma de transmitirlos. Nuestro más sincero agradecimiento por la colaboración que nos han prestado.
PREMIO POESIA
Lucia Málpica López

De siempre le gusto escribir, pero tuvo que abandonarlo para cuidar de su madre enferma y como era la mayor hacerse cargo de sus hermanos pequeños. Además de criar a sus dos hijos.
Con 50 años se apunto en el Centro de Adultos de Mengibar, y allí empezó de nuevo el gusanillo por escribir

En el año1.998 fue Primer premio de relato corto “Ciudad de Mengibar”
En el 1.999 Premio en Porcuna
En el año 1.999 Primer Premio de Poesía de la provincia de Jaén de los Centros de Adultos.
En el 2.002 Tercer Premio del Certamen del Diario Jaén – Jóvenes Periodistas
En el 2.003 Primer Premio de relato – Certamen Ciudad de Arjonilla
En el 2.004 Tercer Premio del diario Jaén – Jóvenes periodistas
PRIMER PREMIO DE POESIA

¡FLORES!

¡Aquí estoy!
¿eso era lo que querías?
anoche me pegastes
y con tus voces me maldecías

Aquí estoy
Aguante porque te quería
no era la primera vez
pero tú…tú lo repetías
una y otra vez
¡Aquí estoy!
no es San Valentín
ni nuestro aniversario
pero hoy tú …
.flores me has mandado

¡Aquí estoy!
No es mi cumpleaños
ni el día de la madre
¿qué hay que celebrar
hay que justificar algo?

¡Aquí estoy!
desecha perdida
flores me has mandado
¿para qué?
Sino es mi santo, ni mi día

¡ Aquí estoy!
¡donde tu querías
tuya o de nadie!
¡mil veces lo decías!

¡Aquí estoy!
me estas enterrado
pero sobre mi tumba
¡hay que amor mas grande!
esta ese ramo de flores
¡Qué tú…me has mandado!

¡Aquí estoy!
talvez esté rezando
sobre ese ataúd
que tú me has buscado

¡Aquí estoy ¡
hoy….
flores me has mandado
flores sobre mi cuerpo
“SIN VIDA”
¡vida que ú me has quitado!
¡ Aquí estoy!
En la penumbra , descansando
mi cuerpo, lleno de humillaciones
por fin…
tranquilo, reposado
como las flores
me marchitaré si…
como esas flores ¡Que tú me has mandado!
PRIMER PREMIO DE RELATO CORTO
LUIS MIGUEL RUFINO RUS

Luis Miguel Rufino Rus (Sevilla, 1956) casado y con tres hijos de 17, 15 y 12 años, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales.
Desempeñó distintos cargos directivos en empresas como General Motors, Electronic Data Systems, Amadeus y People, por lo que ha vivido en Zaragoza, Madrid y Sevilla, así como en Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania.

En los últimos años ha sido Profesor Asociado de Dirección Estratégica en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla. También ha sido Director Gerente de la Real Orquesta Sinfónica de esa ciudad.

Escribe colaboraciones en prensa y ha participado en diferentes talleres y tertulias literarias y televisivas.
Tiene publicados los siguientes relatos:
· “La arpista diáfana” (En el volumen “La arpista diáfana y otros relatos”, Fundación José Manuel Lara, 2003)
· “El hombre que se defendía tocando las maracas” (En el volumen “El profesor Farago y otros relatos”, Fundación José Manuel Lara, 2004)
· “Las cenizas de los peces” (En el volumen “Relatos”, Diputación Provincial de Cáceres, 2004)
Cuenta con los siguientes premios:
· Primer Premio del V Certamen Literario Internacional Villa de Montánchez (julio de 2004), organizado por El Ayuntamiento de Montánchez (Cáceres), la Diputación Provincial de Cáceres y la Asociación Pueblo de Montánchez, por el relato titulado “Las cenizas de los peces”.
· Primer Premio del II Certamen Literario Carmen de Michelena (noviembre de 2004), organizado por la Asociación El Yelmo en Beas de Segura (Jaén) y la Junta de Andalucía, por el relato titulado “Haciendo las maletas”.
· Tercer Accésit del I Certamen de Cuento Corto Sentido Bar (junio de 2004), en Las Palmas de Gran Canaria, por el relato titulado “Las cenizas de los peces”.


HACIENDO LAS MALETAS

Me vi de protagonista en una representación operística un poco peculiar, tan singular, que quizá fuera simplemente un sainete: nuestra habitación era el escenario. Yo le daba la espalda, él me hablaba y yo no le escuchaba. El dormitorio estaba en penumbra. Oía mi respiración en primer plano y su voz en segundo, a lo lejos, como un acompañamiento innecesario o redundante con la melodía principal. Él hablaba y hablaba, pero yo sólo oía sonidos, no entendía sus palabras. Había decidido no entenderlas... y creo que mi determinación empezó a hacer mella en su ánimo. Se lo noté en la voz, que empezó a modular de la tesitura ronca de un bajo a la menos grave de un barítono. Los sonidos se mantuvieron unos minutos en esa tonalidad mientras me observaba meter camisas en la maleta. Yo trataba de seguir dándole la espalda en todo momento, incluso cuando daba cortos paseos hacia el armario para aprovisionarme de nuevas remesas de ropa que meter en la valija. La falta de encuentro entre nuestras miradas me fortalecía y me ayudaba en mi empresa. La intensidad del tono de su voz volvió a cambiar cuando me vio arrinconar un puñado de sujetadores en el lado derecho de la maleta. La cantinela que su boca emitía dejó de sonar a barítono y moduló hacia un matiz más agudo, hasta que empecé a oír la voz de un tenor. Quizá bordeara el contralto. El sonsonete se me antojó despreciable por blandengue y lastimero. Era más que evidente que su ánimo se quebraba por minutos. Enfilé el último tramo de la labor a la que con síntomas de autismo estaba tan entregada: se trataba -ni más ni menos- de trasladar mis bragas del cajón de la cómoda a la maleta, ya casi llena. En ese momento el cambio tonal de su voz fue casi espeluznante. No me pareció bien reírme y me tuve que aguantar (nada más lejos de mi intención que provocar su violencia, aunque fuera sólo la verbal). Se olvidó del tono de tenor y del de contralto y empezó a suplicar con la misma tesitura de un castrato o de un infante de escolanía vaticana. Yo seguía sin mirarle, sólo le oía, no le escuchaba, pero por cómo evolucionaba el tono y cómo se limaba la aspereza de sus palabras, me di cuenta de que la fase de chantaje emocional había comenzado. Esto ocurría cuando en sus palabras, la ira dejaba paso a la pena... o mejor sería decir, a las ganas de darme pena a mí... o para ser más exactos, a la auto compasión que buscaba mi conmiseración... Yo seguía escuchando sin oírle. De pronto me di cuenta de que él estaba empezando a llorar... o mejor sería decir a lloriquear... quizá sólo gimoteaba. El tipo de llanto que usaba como ardid no cambia lo esencial, no altera el desprecio que ahora recuerdo que me producía oírle. Me pregunté por qué en otras ocasiones había sucumbido a su chantaje. Qué fuerza me brotaba hoy de dentro que me había faltado ante otras escenas similares. No me supe contestar. Con cada latido, mi sangre golpeaba con ímpetu en las sienes, en las muñecas y sentía un hueco frío en el estómago. Seguí recogiendo, amontonando ropa. Él se daba cuenta de que yo me iba, e intuía, o sospechaba, o ya estaba totalmente seguro, de que esta vez me iba de verdad y se afanaba en seguir intentando su pequeña coacción emocional de niño malcriado, otra vez, por enésima vez, pretendiendo que yo diera marcha atrás, que cambiara de opinión y volviera a picar su anzuelo y no terminara el trabajo que acababa de iniciar… que, en realidad, estaba a punto de terminar: ni más ni menos que el amargo trabajo de hacer mi equipaje.

A ese trabajo seguiría otro que requeriría un poco más de esfuerzo físico: se trababa de cerrar la maleta y levantarla de encima de la cama usando una sola mano. Lo siguiente sería girar mis dos tobillos con decisión y contundencia militar para empezar a andar por el pasillo taconeando todo lo fuerte que pudiera. Cotocloc, cotocloc. El tránsito entre el dormitorio y la salida de la casa debía acabar con un estruendoso golpe dado con la puerta de la calle en el quicio donde normalmente ésta reposa en silencio. Un portazo que retumbara en toda la escalera -¡Blam!- y que en el lenguaje de los Ubangui-Shari, esa tribu de la República Centro-africana que se comunica golpeando troncos de madera contra otros troncos de madera, significara -más o menos, sin la ambición de traducir literalmente o con demasiada exactitud-: “¡Ahí te quedas!”

Iº CERTAMEN LITERARIO

Este I Certamen Literario “Carmen de Michelena, se ha realizado gracias a la colaboracion de entidades que estaba motivadas por ampliar nuestro saber, como han sido Diputacion Provincial de Jaen Area de Cultura, asi como por la Delegacion Provincial de Cultura Jaen, Instituto Andaluz de la Mujer, Excmo. Ayuntamiento de Beas de Segura, a todos dar las gracias por el gran apoyo y el gran trabajo que estan realizando por la cultura y la mujer.

Este primer certamen tan solo fue a nivel de la Sierra de Segura.


Primer premio ADULT@
MODALIDAD: Poesía
AUTORA: “Ramoni Chinchilla Martínez”

YO SOY

Yo soy la que lava tu ropa
y la que hace tu cama.
la que pone tu mesa
y la que cuida tu casa.

Yo soy la que limpia tu frente
cuando estas enfermo en la cama,
soy la salud de tu cuerpo
y la alegría de tu alma.

Yo soy la que cuida nuestros hijos
y los arropa en la cama
la que escucha sus problemas
aunque le rompan el alma.

Y a la mitad del camino,
cuando los hijos se marchan,
te brinda todo su apoyo
aunque esté desconsolada.

Yo soy la que a la vejez,
cuando las fuerzas nos faltan,
te seguirá como una sombra
si es Dios el que no llama.

Y todo esto lo hago
sin estar remunerada.


Primer premio ADULTOS/AS
Modalidad: Relato
AUTORA:“Catalina López Jiménez”

HISTORIA DE UNA MUJER DE PUEBLO

En la aldea de Fuente Buena, donde yo nací, la primera luz que vieron mis ojos, fue la luz del candil. No existía electricidad, y cuando se apagaba la luz del día, todos nos metíamos en la cama, donde los mayores se divertían.

Salían familias numerosas que a los hijos les pagaban, cuatro años tenia yo cuando de mis hermanos cuidaba, esos son los motivos de no haber ido a la escuela. Empecé a trabajar en el campo: he recogido aceituna, escavado trigo y arrancado garbanzos.
Me pusieron a coser y así me hice modista, no se puede olvidar quien me enseño, fue María la Blasista.

Logre lo que yo quería y así me quede en la gloria, llegando a cose en mi vida, mas de doscientos vestidos de novia, y sin saber leer ni escribir, que para tomar las medidas, era a base de piquetes que yo hacia en las orillas.

El pan tuve a ración y con un brasero en la lumbre el pan he cocido yo. He hecho morcillas de trapo y de ceniza el jabón.
Veinticinco años tenia cuando ya me cambio la vida, hice mi matrimonio con el hombre de mi vida. He disfrutado de corridas de toros, bailes cines y teatros y cuando llegaba el
verano, me iba de vacaciones que era mi mayor descanso.

He estado en Fuengirola, La Línea de la Concepción, Almuñecar y la Alhambra, y he visitado El Peñón; también de Granada, la capital y he pasado por Córdoba y Sevilla para ir a Portugal.

Tres veces me he casado, con el mismo matrimonio, Primeras Nupcias, las bodas de Plata, el pasado verano, Las Bodas de Oro.
Diez nietos he juntado de cuatro hijos que tengo, cuanto mas disfruto yo, cuando los junto comiendo. Veinte en la misma mesa y mira que me ponen contenta cuando mis hijos me llaman madre y mis nietos me dicen abuela.
Ahora que todos vivimos, tres veces en el año nos podemos juntar: en San Marcos, en la Feria y en la Navidad.
Setenta y seis años he cumplido, y estoy yendo a la escuela, cuando lleguen las vacaciones, pienso ir también con ellas.
Hoy vivo con alegría, amor, y felicidad, no quiero rencores ni guerras ¡QUE TODOS VIVAMOS EN PAZ!

PRIMER PREMIO INFANTIL
MODALIDAD: Poesía
AUTORA: Laura Heredia López

MUJER

Te sientes débil
pero eres muy fuerte,

Vives en la violencia
no has nacido para eso.

Eres única y perfecta
a nadie se lo demuestras.

Buscas ayuda,
con miedo y sudor.

Crees que eres indiferente,
pero no es verdad.

El maltrato cada vez mas
no físico sino psíquico es sufrido.

Esto tiene que acabar,
y tenemos que triunfar.

VIVA LA MUJER
Que este día sea como ninguno.





lunes, 15 de junio de 2009

Vº CERTAMEN LITERARIO CARMEN DE MICHELENA




PREMIO INFANTIL

LA RATONCITA PEREZ
Alejandro Almagro

Viene de un mundo mágico
Para robarte un diente
Y para bajar del techo hasta tu cama
Él hace parapente
¡He dicho él,
Vaya error!
Pues ese ratoncito
Es señora es señora, no señor.
La ratoncita Pérez
La que roba dientes bonitos,
Está muy enfadada,
Todos creen que es un ratoncito.
-¡Ya estoy harta, que machismo,
Hoy por fin se van a enterar,
A ningún niño dinero
Voy a dejar!
¡Vaya catástrofe, menudo lío,
Se quedaron sin dinero
Todos los niños!
Y aprendieron todos por fin la lección:
Que ese ratoncito
Es señora, no señor.
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Alejandro Almagro Santos, tiene 10 años y estudio 6º curso de primaria, le gusta mucho leer y escribir; vive en Córdoba donde ha ganado el concurso "Sebastian Cuevas" dos veces,en su modalidad de relatos cortos (2005) y en poesía.

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PREMIO DE POESÍA

QUE TE QUEDA MUJER
Feliciano Ramos

¿Qué te queda, mujer? Di, ¿qué te queda
cuando tu edad caduca ya vencida?
¿Qué te amarre el esposo con su brida?
¿Qué su rumbo sin norte te conceda

viajar al ritmo terco de su rueda
donde el machismo impone su medida?
¿Ofrecer, porque sí, toda tu vida
y te paguen después con vil moneda?

¿Qué te queda, mujer, el triste oficio
de cumplir tu misión de ama de casa?
¿Quemar tus florecidas primaveras?

¿Eso te queda sólo? ¿Sacrificio?
¿Mirar como en un soplo el tiempo pasa
y tu labor se tira en papeleras?

¿Es justo? Piénsalo. Mira tu ocaso.
¿Quién valoró tu esfuerzo cada día?
Te hicieron un altar de hipocresía
y comulgas las sobras del fracaso.

¿Pidieron tu opinión? ¿Pudiste acaso
protestar con airada rebeldía?
Tu eras una niña todavía
y ya te programaron cada paso:

Ser madre en sacrosanto matrimonio,
de profesión, ¡oh gozo! tus labores,
amamantar los hijos, cantar nanas.

Dime, mujer, ¿cuál es tu testimonio?
¿Soportar de los partos sus dolores
y esperar la llegada de las canas?

¿Qué fue tu amor, mujer, falso alborozo?
¿Te sentiste, mujer, protagonista?
¿O tu esposo, con ánimo egoísta
te daba las migajas de su gozo?

¿Acaso fue tu carne agua de un pozo
para saciar su sed absolutista?
Seguro que sus ansias de machista
te hicieron derramar más de un sollozo.

¿Qué fuiste, sólo sexo, mar desnuda
donde el varón saciaba su apetito?
¿Obligación sumisa en un abrazo?

¿Qué te quedó después, cumplir el rito
de soportar tú sola y sin ayuda
amargos nueve meses de embarazo?

¿Por qué, mujer, por qué vivir de engaños?
¿Por qué siempre en silencio, maltratada,
entre cuatro paredes enjaulada
mirando el paso lento de los años?

¿Pudiste remontar nuevos peldaños
y sentirte persona realizada?
¿Quedaste reducida a fiel criada,
a escudo de continuos desengaños?

¿Fuiste oscuro placer? ¿Mujer objeto?
¿El surco siempre abierto de la siembra?
¿Del trabajo de casa reina y dueña?

¿Te conformas, mujer? Asume el reto
de desterrar miradas de hambre de hembra
y el miedo de que llegue la cigüeña.

Tanto velar, mujer, sin un descuido
para educar los hijos con esmero.
Tanto alargar la lengua del dinero
hasta final de mes, ¿tuvo sentido?

Tanto sufrir, mujer, sobre su nido,
tanta dedicación, tanto te quiero,
¿ahora se te tasa con un cero?
¿el justo precio del deber cumplido?

¿Ser madre para hacerte madre vieja,
ver tus arrugas, tu nevado invierno,
dolor de huesos y pasar cansino?

El tiempo te descarna y despelleja,
te robaron la paz de tu gobierno
y te enfrentas tú sola a tu destino.

¿Te consume la edad? ¿Estás viuda?
¿Pasó la vida como pasa el viento?
¿Qué dejaste, mujer, de testamento
tu alma de dolor, rota y desnuda?

¿Te invade la respuesta de la duda?
¿Tuvo valor tu entrega y sufrimiento?
¿El eco dolorido de tu acento
mastica soledad de lengua muda?

¿Te consuelan los hijos? ¿Algún nieto?
¿La noche permanente de tu luto?
¿Maldecir tu agorera mala suerte?

El libro de tu vida está completo,
falta escribir el último minuto
y sentir los mordiscos de la muerte.

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Feliciano Ramos Navarro nace en Cerro Muriano (Córdoba) .
Es Maestro del primer ciclo de Enseñanza Secundaria, en la especialidad de Geografía e Historia, desempeñando actualmente su profesión en el I.E.S. “Antonio Galán Acosta” de Montoro.
Es miembro fundador y secretario de la Agrupación Literaria de Montoro . Secretario de la Coral Polifónica Montoreña y su Orquesta de Pulso y Púa ( voz de bajo y bandurria 1ª ) . Vocal del Club Recreativo y Cultural “Ilígora”.
Ha sido pregonero, colabora en diversas publicaciones, en jurados literarios, como presentador en actos culturales, en recitales, como ilustrador, como letrista de obras musicales, etc.
Fue elegido “Montoreño del año 2002” de la localidad de Montoro.
Amante de la poesía, ha conseguido en esta disciplina cerca de 300 premios literarios, tanto nacionales como internacionales.


LIBROS DE POEMAS PREMIADOS / PUBLICADOS

. INEVITABLE PEREGRINAJE- PREMIO CIUDAD DE BAENA(CÓRDOBA)
. DUALIDAD VITAL.- PREMIO VILLA DE GRAZALEMA (CÁDIZ)
. MI YO DESDOBLADO- PREMIO MIRANDA DE EBRO (BURGOS)
. EX AMOREM AD MORTEM- PREMIO VILLA DE ESPEJO(CÓRDOBA)
. SIEMBRA DE MOSTO Y VINO- PREMIO VINOS LA MANCHA DE
ALCÁZA DE SAN JUAN (CIUDAD REAL)
. PALPITACIONES MONTOREÑAS- EDITADO POR LA DIPUTACIÓN DE
CÓRDOBA Y EL AYUNTAMIENTO DE MONTORO.

LIBROS DE POEMAS INÉDITOS

. LITURGIA DE EROS
. MEDITACIÓN EXISTENCIAL
. AGÓNICA IMPOTENCIA
. ÚLTIMAS VIVENCIAS
. AMOREM TESTARI
. DOLOR FEMENINO
. PAZ Y AMOR PARA EL OLIVO

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PREMIO DE RELATO

UNA MUJER MARCADA
Alfredo Macias Macias


Me llamo Laura Jiménez y vivo en una silla de ruedas. Tengo veintipocos años, pero mi vida cambió un 11 de Marzo, cuando unos asesinos fanatizados decidieron que mi vida no tenía sentido.

Sigo viviendo en Alcalá de Henares, pero la bomba que estalló en aquel tren fatídico, una fría mañana madrileña, me convirtió por unos días en un personaje popular. Mi foto salió en todos los periódicos, porque estuve ocho días en coma en el Gregorio Marañón, tan hinchada que casi no cabía en la cama del hospital. Unos días antes de la explosión me dijeron que estaba embarazada y pensé que quería comerme el mundo, que amaría con todo mi cariño a aquel ser jubiloso que iba a nacer y que a pesar de todo, la vida podía ser maravillosa.

Yo era una chica joven llena de sueños, que quería casarme con mi novio y pensaba que aquel hijo que iba a venir al mundo era una bendición para nuestro amor. Yo creía en mis semejantes, era una persona convencida de mis ideas y una ciudadana ejemplar que votaba en las elecciones, pensando que entre todos podíamos construir un mundo mejor.

Hoy he apagado la tele con horror, cuando he visto a uno de los acusados del 11 de Marzo, decir con una extraña sonrisa en los labios, que él no participó en la matanza y que condenaba el atentado con todas sus fuerzas. Cuán extraño es el mundo. Hay seres que matan en nombre de un Dios todopoderoso y luego se refugian en sus oraciones, para no sentirse culpables de haber destrozado la vida de sus semejantes.

Yo, hoy por hoy, he dejado de creer en la bondad humana. Durante un tiempo intenté disfrazar mi dolor, acudí a manifestaciones y actos en homenaje a las victimas del terrorismo, pero pronto me dí cuenta que los políticos me utilizaban para su propio beneficio. A nadie le importaba, ni mi dolor, ni mi desgracia y pronto me dí cuenta, que para muchos era un simple objeto que se podía clasificar según su tendencia política. Como una tenebrosa ficha de ajedrez, si apoyaba una teoría estaba contra el Gobierno, si pensaba lo contrario estaba a favor de la Oposición. En medio estaba yo, sentada en mi silla de ruedas y pensando que este mundo no tiene sentido, como si fuera uno de esos personajes absurdos de ese visionario checo llamado Franz Kafka. Cuán cierta la teoría del absurdo, la de que vivimos en un mundo de sombras, donde la casualidad ó el destino, puede cambiar en unos segundos nuestras vidas.

Yo he perdido la fé en la Humanidad, la bomba me estalló a los 28 años, en plena juventud y hasta hubo un tiempo que tomé mi situación con optimismo y hasta llegué a celebrar con mi novio y mis familiares más cercanos, el hecho de que haber salido viva de aquel atentado, era un verdadero milagro, como si el 11 de Marzo, fuera la fecha de mi segundo nacimiento.

El milagro de mi resurrección aún no se lo explica la enfermera que estuvo junto a mi cama tantas noches y que me dijo, que cuando me vió por vez primera, era un cuerpo sin rostro, solo reconocible por la marca de nacimiento que tengo en mi frente. Durante los ocho días que estuve en coma, ví un túnel de luz y sentí una extraña paz interior. En el hospital no encontraban mis pulmones, ni la vértebra que se insertó en mi canal medular. Pero yo veía como lloraban mis seres queridos y seguía viendo aquel túnel de luz que brillaba a lo lejos. Lo extraño es que me pareció ver una lámpara encendida, escondida detrás de un muro y la lámpara parecía estar en un vaso, que resplandecía como la más fulgurante de todas las estrellas.

Yo, Laura Jiménez, sentada en mi silla de ruedas, no sé que me deparará el futuro, solo sé que sigo aferrada a la luz de esa lámpara maravillosa,
que un día ví en un extraño muro y me llenó de una hermosa y extraña felicidad, una felicidad que me hizo perder mi temor a la muerte, precisamente cuando todos pensaban que nunca despertaría de mi sueño eterno…
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ALFREDO MACIAS MACIAS ES NATURAL DE HUELVA Y HA PUBLICADO DIEZ LIBROS ENTRE LOS QUE DESTACAN LAS NOVELAS ''MEMORIAS DE UN SEDUCTOR'', '' HISTORIAS DE AL-ANDALUS'' Y '' LA CASA DE LAS GEISHAS '' Y LOS POEMARIOS '' CEREMONIA DE LA TRANSFIGURACIÓN'' Y '' PREFACIO AL LIBRO DEL ECLESIASTÉS''.
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MENCIÓN DE HONOR

DIETAS AL VOLANTE
Valeria Titarelli

La dieta me está devorando. El intelecto, quiero decir. ¿Cuántas neuronas dicen que tenemos las mujeres? ¿Dos? Pues el régimen me ha trastocado al menos una de ellas. De no ser así, ¿cómo se explica que el Megane burdeos que tengo delante se haya transformado en una enorme tarta de arándanos que, en lugar de tener ruedas, se desliza gracias a cuatro deliciosos donuts de chocolate?
Por cierto que el Megane no se mueve y llevo más de diez minutos detrás de él; desde el cruce Recogidas – Martínez Campos más o menos. Nuevecito nuevecito y con los cristales tintados además, así que no puedo “acordarme” de todos los calvos al volante por si luego resulta ser un ejecutivo de melena engominada. No, si al final llegaremos tarde al colegio y eso que llevo desde las siete en pie, para tener tiempo de purgar mi estómago con la enésima infusión de hierbas antes de despertar a las niñas, darles el desayuno, vestirlas, prepararles la bolsita de cuadritos rosas y blancos con la merienda y salir pitando de casa. ¿Bajo qué conjuro asfáltico rueda hoy mi coche?
Ah…por fin el semáforo cambia y el Megane se decide a arrancar y…y ¡no! Va a entrar en “mi” cochera. Las niñas llegan tarde hoy, fijo. Seguro que quien conduce el Megane Burdeos es un hombre que, ni está a dieta, ni ha despertado a sus retoños, ni ha luchado por embutirles en sus sosos uniformes grises, ni se ha purgado muy de mañana con una infusión. Seguro que le importa poco si hoy en la escuela es el día de la fruta o toca sándwich y por supuesto se tomará todo el tiempo del mundo en echar el freno de mano, sacar de la guantera la tarjeta de acceso al parking, introducirla en la ranura de la maquinita, escuchar el beep de “aceptado, puede usted pasar”, recoger la tarjeta, volver a guardarla en la guantera, encender las luces, quitar el freno y deslizarse suavemente por la rampa, no se le vayan a fastidiar los amortiguadores de su recién estrenada máquina a motor. Y sí, por supuesto que encontrará aparcamiento en la primera planta, justo en mi plaza favorita, al ladito mismo de la puerta de salida, desde la que puedo salir zumbando en busca de las escaleras, en lugar de esperar estresada la llegada de ese ascensor decimonónico que no guarda memoria y siempre, siempre, pasa de largo en mi parada, ya esté yo esperándolo en el segundo, cuarto o quinto piso.
Desde luego el conductor del Megane Burdeos no estará preocupado porque a las nueve o’ clock cierren el portón de educación infantil y no tendrá que bajar la calle para llegar a la otra puerta, llamar al timbre y soportar la mirada displicente de la secretaria – portera que te regaña en silencio porque has vuelto a llegar tarde, porque le vas a pisar la escalera recién fregada, porque tus niñas se van a perder la asamblea de entrada, tan educativa y necesaria a tan tiernas edades.
Pero no, el conductor del Megane no ha conseguido plaza en la primera planta y ahora se pasea a menos cinco kilómetros por hora por los diversos niveles del parking, presentando su nueva adquisición al resto de cuadrúpedos motorizados ya estacionados. Seguro que me quitará “EL SITIO”, ese aparcamiento único y ansiado, privo de columnas y ausente de todo-terrenos voraces que se comen la mitad de la plaza que queda en medio, obligándote a subirte al capó, entaconada y con las niñas a la espalda.
Tampoco sabe nada ese conductor de las ganas que tenía yo de que ese coche no fuese un Megane Burdeos, si no un Polo verde pistacho, el Polo de Juan Pineda, arquitecto y padre de una compañera de clase de mi hija la mayor. Un Polo mimado y limpio – limpísimo, tal y como había comprobado días atrás, durante un escarceo discreto ojeando en el interior del vehículo.
Si ese coche fuese el Polo pistacho de Juan Pineda, nuestras niñas se saludarían y por consiguiente nosotros también y esta mañana sería divina porque su “buenos días” profundo me recorrería íntima e indecorosamente. Entonces él, galante y caballeroso esperaría con la puerta de salida abierta, llamaría al ascensor (a él el aparato le haría caso, desde luego), y yo le daría un poco de conversación a su pequeña y él con mano temblorosa apretaría el botón de planta calle y juntos recorreríamos los cien metros hasta la escuela y nos achucharíamos en la entrada con tantas madres y niños por doquier, como aquella otra vez en el ascensor que me rozó sin querer queriendo y yo no pude evitar pensar qué sensaciones me producirían esas manos de delineante acariciando mi nuca escondida tras la bufanda y…
No, no puedo perderme todo eso por culpa de un estúpido Megane burdeos recién salido del concesionario, así que decido tomar el atajo, bajar a la tercera planta saltándome dos tercios de la segunda, conduciendo contramano a toda velocidad unos cincuenta metros pero… ¡ay! Un Fiat Punto está aparcando y tengo que frenar hasta que finalmente puedo colarme, acelero, giro y sin mirar encauzo la rampa de bajada a la tercera planta y… ¡”mamá”! Gritan las niñas y yo oigo un ruido de chatarra ferruginosa quejarse y… ¡no puedo creerlo! He ido a chocar precisamente con el Megane nuevecito y ahora el conductor se bajará hecho un energúmeno y las niñas se echarán a llorar y no, no puedo ni mirar a la figura masculina que se acerca…” niñas, tranquilas, no ha pasado nada” les digo, bajando avergonzada la ventanilla y deseando que el hombre sea amable por una vez en su vida y no me humille allí delante de mis hijas y…
-Llegamos tarde ¿eh? – escucho mientras abro cabizbaja la puerta, para luego sorprenderme cara a cara con Juan Pineda, el arquitecto, que debe haberse comprado coche nuevo. - ¿Llevamos a las niñas y rellenamos el parte en el Alfaguara? – me consulta y yo pienso que se ha dado cuenta de que yo también desayuno allí, en la otra punta del bar, claro, y la perspectiva de compartir mesa, tostada integral y capuchino me deja sin habla, hasta que las niñas gritan ¡”que cierran el portón”! y yo me meto de nuevo en mi arrugado Corsa mientras considero que después de todo esa sí va a ser una mañana divina porque las palabras de Juan Pineda al cerrar la puerta me acompañan:
-Estás algo cambiada ¿verdad?
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Vinculada al mundo del turismo, es editora en las revistas http://www.yomujer.com/ (destinada a la mujer actual) y http://www.ensentidofigurado.com/ (dedicada a la creación literaria). Ha participado en el libro colectivo Abrapalabra, editado por la escuela de escritores http://www.portaldelescritor.com/
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EL AZUL DEL MAR
Almudena Pérez Lara

Qué bello es el mar. No había tenido el placer de conocerlo.
Jamás imaginé lo enorme que era, porque nunca había visto tal cantidad de agua; pero ahora comienzo a entender lo que cuentan de él. El mar, el inmenso mar, el mar de leyendas y de historias, de tormentas y de guerras.
Me da miedo meter la mano. ¿Puede morderme alguna bestia de las profundidades marinas? Alguna vez, de niña, oí una historia horrible de pescadores que naufragan y vuelven a casa con miembros amputados. ¿Cómo puede algo tan hermoso esconder tantos peligros?
Aún así me atrae inevitablemente el profundo color azul de sus olas. Me gustaría nadar como los delfines, ver las praderas marinas y rozar la arena de las profundidades. ¿Qué habrá ahí abajo?
Miro hacia arriba. Sol, mucho sol y ninguna nube. Hieren los rayos, dañan la vista, hacen arder la piel. Aún falta mucho para el atardecer y hace mucho calor. Cierro los ojos e intento dormir.
Aquí, entre cielo y agua, ya nada importa. Todo carece de valor, no existe el tiempo ni la ley. Me siento libre, libre como nunca, tan libre que no puedo usar mi libertad.
¿Sigues dormido? Haces bien, no hay mucho que hacer y casi es mejor que pase el tiempo rápido. Apenas puedo estirar las piernas y mucho menos ponerme de pie. Si supiera contar bien te diría cuántos somos exactamente. Sólo sé que muchos. No conozco a ninguno y la verdad es que me dan un poco de miedo, aunque eso nunca te lo diría. Eres demasiado pequeño como para entender que tu madre pueda estar asustada.
Hace dos días que embarcamos y creo que estamos perdidos, a la deriva, en algún lugar que a nadie importa. Un punto sobre el océano. No se puede adivinar ninguna costa en el horizonte. Somos una barca de fantasmas vivos.
Te prometí algo mejor. A ti te daba miedo, no querías venir, querías quedarte. Quedarte para morir de hambre. Ahora no sé si voy a cumplir mi promesa. Hace horas que lo dudo.
En el poblado yo ya no podía darte nada. La sequía había acabado con la cosecha de varios años y desde hacía meses sólo comíamos algo de harina cocida. La muerte perseguía a los niños; enfermedades simples que se nutrían de los cuerpecitos huesudos, las piernas y el abdomen hinchados, la inanición sin final a la vista. Y yo me negaba, como tantas otras madres, a verte morir. Si la guerra no pudo con nosotros, el hambre tampoco podrá.
Íbamos a Europa, o eso decían. Ya no sé si creérmelo. Yo sólo veo agua y más agua, aunque no quiero perder la fe en que llegaremos. Habrá quien mire el mar como un elemento salvaje, máxima expresión de la libertad. Yo lo miré como el borde de un precipicio el día que embarcamos, pero sin duda alguna, la única posibilidad de sobrevivir. O la muerte o el mar.
Me duelen los brazos y la cara. Al pasar los dedos noto la piel tumefacta. Te despiertas, quejándote por el calor, a ti también te duele la piel. Y yo te digo que no nos va a pasar nada, que somos fuertes, que hemos pasado más calor en el desierto y hemos soportado más sol en los largos veranos. Nosotros somos de otra especie, somos de azabache. A nosotros el sol no nos puede hacer nada, porque estamos hechos de sombras mi niño.
Refunfuñas, pero pareces creértelo. Te doy el poco agua que nos queda y miras con los ojos muy abiertos el mar. No entiendes que el agua, a la que estás tan poco acostumbrado, nos pueda llevar a otro lugar. Tú sólo sabes llegar a los sitios andando, me dices, y yo me río porque llevas razón.
Comienza a anochecer, por fin. Al menos el sol no seguirá quemándonos. No hay nada de comer, pero tú no te quejas demasiado. El agua refleja los tonos anaranjados del horizonte y hace que la barca se tambalee. ¿Qué pasaría si se volcase? Tiemblo ante la idea y prefiero no seguir pensándolo. La barca se estremece, las tablas crujen, el mar nos golpea.
La luna parece sangrar en el cielo. Hace frío, pero apenas lo noto por el dolor de las quemaduras. Te tapo con algunos paños de algodón; la brisa pasa rápido sobre la piel y arranca todo rastro de calor. Me quedo dormida, acurrucada a tu lado para que, si te despiertas, no tengas miedo.

Las mañanas en alta mar huelen a sal, a algas y a bruma. Sigo sin ver la costa, me siento encerrada, sin salida. ¿Ha sido un error todo esto? ¿En realidad te estoy conduciendo a la muerte? Estoy desesperada, pero prefiero quedarme en silencio. Nadie sabe dónde estamos ni hacia dónde nos dirigimos. El pequeño motor está estropeado y la corriente nos arrastra hacia un lugar desconocido.
¿Por qué la neblina lo borra todo? ¿Se divierte confundiéndonos?
Lloras. No entiendes qué está pasando. Esto no es lo que yo te había prometido. Llevamos tres días sin comer, ni siquiera en el poblado comíamos tan poco. Te duelen las quemaduras y quieres volver a casa. Quieres estar con los otros niños, cazar escarabajos, correr descalzo sobre el suelo árido.
Otro largo día, el sol incansable, que parece clavarse en la carne. Y cae de nuevo la gélida noche, más fría que nunca, cruel, irónica.
Te miro. Eres un bultito cubierto de trapos de algodón sobre las tablas que crujen cada vez más. Inmóvil. Llevas horas sin moverte.
Creo, imagino, que estás dormido. No quiero pensar otra cosa y no voy a comprobarlo. Aún así sigo mirándote.
Mueves levemente el pecho. Eso me basta para seguir con vida unas horas más. Sin ti este viaje ya no tendría ningún sentido. Probablemente, casi con toda seguridad, miraría fijamente al mar y me lanzaría. Nadaría, sería un delfín, vería las praderas marinas, rozaría la arena de las profundidades. Nada de esto, esto que algunos se atreven a llamar vida humana, habría pasado; descubriría los secretos del océano, entendería por qué tiene este color tan hermoso, por qué es tan bello. Quizás por eso algunos nos atrevemos a cruzarlo.

Estoy demasiado cansada. No quiero seguir despierta. No puedo pensar.
Amanece. Pero es demasiado pronto para amanecer.
Abro los ojos. Veo una fuerte luz, enfocándonos, y otras lucecitas rojas. Estás a mi lado asustado, tembloroso. Oigo voces en un idioma extraño.
Un barco con una cruz roja. Alguien, desde la cubierta, nos tiende una mano.
Te sonrío con las pocas fuerzas que me quedan.
Cumplí mi promesa.
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Almudena Pérez Lara nació en Antequera el 25 de junio de 1984. Estudia sexto curso de Medicina en la Universidad de Málaga y primer curso de Ciencias Físicas en la UNED. Fue Premio Nacional de Bachillerato del curso 2001-2002, ganadora del Concurso de Relato breve de la Residencia Universitaria Alberto Jiménez Fraud (2005), primer premio del V Certamen de Relato Breve de la UNED de Plasencia y accésit del Concurso de Poesía de la Universidad de Málaga (2006).
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IV CERTAMEN LITERARIO CARMEN DE MICHELENA




PREMIO INFANTIL
Maria Torcal Trapero
Estepona - Malaga

Empezó a escribir con 8 años, ahora tiene 12años. Desde pequeñita le ha gustado escribir poesías y cuentos, Le gusta leer, pero más le gusta escribir porque le ayuda a expresar sus pensamientos Este año ha entrado en el instituto (en 1ª de ESO) .
AL ALBA
Llamando a mi ventana

El otro día me desperté,
el sol llamaba a mi ventana,
su rostro llamativo su madurez delata,
delata el trabajo, delata su cara.
El otro día vino llorando a mi casa,
tanta madurez no es necesaria,
no hay que ser maduro
para borrar mi casa,
deja nubes negras la fábrica que mata,
que mata la esencia, la esencia del alma,
que arranca mi cabello, el rubio cabello dispara,
mis rayos se agotan, mis fuerzas se acaban.

Yo os di la vida y esta vida me mata,
me mata la esencia del fumar de la fábrica,
me mata la impureza del agua pasada,
me muero y me muero y no siento nada.
Porque el otro día vino el sol
llorando a mi casa, vestido de luto
apenas se arrastra, llamando poco a poco
sus fuerzas se acaban.
La guerra

La guerra, vestida de negro y rojo
va dejando su sangre para los que no mueren nunca.
Los que luchan en ella y mueren por matar
no son héroes ni héroes serán,
sólo héroes podrán ser los que mueren por salvar.
La última lágrima de rocío

Una lágrima de rocío,
que caiga una en cada cosecha
porque secos están los campos
y muy seca está la tierra.

Solo una lágrima, una lágrima de estrella,
tan solo una lágrima que la pobreza siempre seca.
Carta de amor

El día que me escribiste esa carta
me enamoré locamente de ti.
Cuando me miraste a los ojos
noté que había otra persona dentro de mí.
Ni siquiera pensaba, no pensaba en mí,
en aquel momento de un descuido de vida
sus ojos se iluminaron,
intentó salvarme, pero intentaba darme demasiado
y cuando me enteré ya era tarde,
venía directo a mí aquel coche sin frenos
y descifré el mensaje “adiós”.
El trocito de alma que me falta

Me entristece escribir este poema
mirando a esta vieja libreta,
sentimiento tras otro de pena,
trocito de verso del alma que se lleva el aire.
Nunca recuperaré ese trocito de alma que se fue
inundando mi pena entre sentimientos
en este viejo poema, alegre vida en la que escribo
y describo la vida de mi bisabuela.
Mil latidos en tu corazón

Tú naciste entre tristeza
y clavaste la sangre en tus ojos,
y cada mil lágrimas que, deshechas
se convierten en un manojito de tristeza,
porque tus lágrimas son un don,
un signo que ciega tus ojos pero no el corazón.
PREMIO ADULTOS
ECO DEL VIENTO
Juana Ramón Montes
Estepona (Málaga )

Estamos aquí, somos visibles,
nuestros pasos son firmes y seguros,
sabemos dónde vamos,
defendemos aquello que queremos,
vivimos,
y esa vida nos lleva a pintar horizontes,
a bordar libertades,
a tejer realidades.
Somos trabajo, verbo, matemática,
hemos roto barreras, alambradas
que nos aislaban del mundo
y nos dejaban lágrimas calladas.
El camino ha empezado a tener flores,
ya las semillas dan frutos deseados,
nuestras voces se escuchan,
y un eco de otros nombres nos recuerda
a otras mujeres que dejaron
para nosotras legados de grandeza.
La palabra mujer encierra entre sus letras
mil renglones escritos con silencios,
dibujados con sal sobre la arena
de esta playa sin tregua de la vida
que han llegado hasta el mar como los ríos.


Le habían prometido un mundo nuevo,
un mañana de áurea tibieza,
una bocanada de luz, de aire fresco,
una casa con luces y agua fresca,
una cuenta en el banco,
un trabajo, una vida de riquezas,
la habían revestido de quimeras.
Pero no le habían dicho
que la noche era inmensamente negra,
que el mar llevaba el agua por ofrenda,
y su fuerza era más que mil tormentas.
No le hablaron del miedo ante las olas
ni le contaron cómo eran las estrellas
vistas desde la triste habitación
de un club de carretera.
Le habían prometido un mundo nuevo
y se quedaron con su inocencia.



Homenaje a las mujeres que tuvieron que parir a sus hijos en el monte, en el campo….

Estaba allí, pariendo junto a Juana
a la luz de la aurora, rojiblanca,
llovía, y bajo un árbol
iba a nacer su hija con el día.
Huía en medio de una guerra
sin saber qué eran bandos ni fronteras,
tan sólo defendía una bandera,
salvar lo que quedó de su familia.
Llegaba como el viento, desolada,
en un invierno de frías madrugadas.
Otra mujer valiente le ayudaba,
sus manos de partera
eran palomas blancas que trajeran
ramas de olivo a esa vida nueva.


Jueves, XXII de abril de MCCCCLI. Madrigal
(cuando la Católica Reina Isabel nacía)

Estaba la primavera alborotada
despertando en rumores,
mientras Isabel, la reina, paría
en Madrigal entre almohadones,
atentas las miradas,
que una reina paría con testigos,
hombres notables de su cercanía,
criadas y parteras que ayudaban
a un notario que anotar debía,
la hora, los nombres, los detalles,
porque a la vista debía entrar al mundo
la real y esperada criatura.
Y la reina, mujer, se debatía
entre los dolores y la tiranía,
¡parir ante notarios y escribientes,
a fe que la vergüenza le invadía!.
Reina, mujer, cruzando umbrales,
cautiva de aquel trono, guerrera sin lebreles
bajo aquella corona lloraba a escondidas.

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Juana Ramón Montes
Natural de Zaragoza, con domicilio en Estepona (Málaga )

Estudios realizados: Magisterio.
Monitora de animación a la lectura y de Pintura en tela.

Casada, madre de un hijo, alterna su labor profesional con la literatura y la pintura, formando también parte activa de la Asociación de Mujeres Peñas Blancas de Estepona donde ha impartido talleres de pintura y literatura.
Pertenece además a otras asociaciones culturales y/o sociales.
En la actualidad trabaja en el Área de Educación del Ayuntamiento de Estepona.
Ha obtenido alrededor de cuarenta premios en poesía y en relatos.

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“YA TE LLAMAREMOS”


Rocío Rubio Garrido - Sevilla


Mi querido empresario:
Le parecerá extraño que yo, una más de entre la legión de desesperados que hemos acudido presurosos a su llamada, le escriba estas líneas. Incluso podrá interpretar como una osadía por mi parte el gesto de dirigirme a usted una vez que ha concluido el proceso de selección, como una pataleta de mala perdedora que aprovecha la coyuntura desfavorable para terminar de desahogar su ira, haciendo acopio del dicho popular que recomienda en última instancia tirarse de perdidos al río –en mi caso particular más bien tendría que zambullirme en las cloacas-. Como buena previsora me adelantaré a sus cavilaciones y le sugeriré que tome esto con la intención original con la que ha sido concebido en mi mente: mi derecho a réplica tras una entrevista de selección en la que casi no me ha dejado expresarme.
Cuando encontré el anuncio de su empresa camuflado entre las páginas salmón del periódico del domingo, pensé que se trataba de una premonición: por fin encontraba la utilidad de poner todos los lunes un ramo de perejil a San Pancracio. Pareciera que hubieran clavado mi perfil exacto en el apartado de requisitos: persona responsable, con estudios de administrativo, ordenada y con afán de superación. Tras varios meses de búsqueda infructuosa entre los anuncios por palabras que se ofertan cada día, daba con uno acorde con mi preparación. No se puede imaginar lo que eso significa para alguien que ver pasar los días con la incertidumbre de si podrá pagar el alquiler del piso a final de mes, o si podrá permitirse el “lujo” de comprarle un chándal nuevo al niño, después de tres temporadas seguidas echándole el bajo a los pantalones. Y como un oasis inesperado en mitad del desierto de la precariedad, aparecía el anuncio de su empresa, en letras negras bien llamativas.
La cita fue el martes de la semana pasada a las 12 de la mañana en su despacho, ubicado en la última planta de un edificio de cristales de reciente construcción. Debe experimentar una sensación de poder absoluto cuando contemple cada mañana la ciudad desde su sillón giratorio. Lo imagino con su taza de café aún humeante, pegado a la ventana, asistiendo impasible al deambular errante de un reguero de minúsculas personas con sus miserias y sus alegrías a la espalda. Cuántas veces me habrá confundido entre esa marabunta de hormigas labradoras sin usted saberlo. Cuántas veces se habrá extasiado sobre la tapicería de cuero, recreándose en su poder de dueño de una parcela de mundo.
Así estaría, absorto desde su pedestal de cemento, momentos antes de recibirme con su traje impecable, comprado a buen seguro en una boutique de las que exhiben precios desorbitados en los escaparates más exclusivos del centro. Yo, si es que aún no ha logrado identificarme por el nombre, era la del conjunto de falda y chaqueta negra. Sí, ya sé que no destaqué por mi originalidad. La decisión de llevar este atuendo, lejos de ser arbitraria, responde a una simple cuestión de economía. Cuando los recursos son un bien escaso, debemos recurrir a prendas de líneas simples y monocromáticas, esas que sabemos que nunca pasarán de moda. Ya sabe, en cualquier momento se puede terciar un funeral y lo más socorrido es sacar partido al modelito sobrio de las entrevistas de trabajo, con el que seguro aciertas. Le cito este detalle porque me consta lo importante que es la indumentaria en una cita de este tipo.
Abrí la carpeta y le hice entrega de los dos folios que a modo de telegrama resumía mi vida laboral, es decir, lo que vulgarmente se conoce por currículo. Usted echó un vistazo superficial y pasó a examinar mi rostro, como si en las patas de gallo llevara escrita la experiencia que de forma pormenorizada me había tomado la molestia de detallarle. Y fue, en efecto, un simple vistazo el que echó sobre los dos folios grapados porque comenzó a preguntarme por cuestiones que aparecían allí perfectamente detalladas.
Yo, en un ejercicio extraordinario de síntesis, le dije que había trabajado doce años en una empresa de papelería realizando tareas de administración, tal y como apuntaba el principal requisito de la oferta del periódico. Sí, es cierto que inflé un poco las responsabilidades que había ejercido en los trabajos por los que había pasado, pero apuesto a que usted también habló demasiado bien de sí mismo cuando quiso promocionarse hasta llegar a ocupar un despacho con vistas tan amplias.
¿Que por qué prescindieron de mis servicios en esta empresa? Pues mire, había que hacer un recorte de plantilla porque se estaban produciendo pérdidas, y yo estaba dentro de esa quiniela arbitraria de despedidos, tan injusta como inesperada para los que tenemos un único sueldo –no estoy segura de si la definición tradicional de “cabeza de familia” vale también para las mujeres, le puedo asegurar desde luego que la mía es la única que saca adelante mi casa-.
Tuve la impresión de que le había resultado poco convincente mi explicación, y ahora que dispongo de espacio para expresarme, le diré que los que sufrimos la desgracia de un recorte de plantilla no somos ninguna casta de apestados que tengamos que avergonzarnos de no haber conseguido prosperar en el mercado laboral. Yo no decidí estar en esa quiniela de futuros parados, puedo dar fe de que no es nada reconfortante pasar cada tres meses por la oficina de empleo de mi barrio a la espera de una llamada. Se lo digo para que en próximos procesos de selección evite esa mirada inquisitorial sobre un candidato que haya sido despedido de su anterior trabajo: relájese y quítese esos fantasmas de la cabeza de que seguramente se trate de un aficionado a la holgazanería que disfruta de vivir a costa de los impuestos del prójimo.
La siguiente pregunta con la que me abordó fue sobre mi preparación académica. Apuesto a que pensó que respondía al perfil de maruja carente de ambiciones, con poco más que el graduado escolar y un curso anticuado de mecanografía impartido por la señorita Pepis. Si no, no me explicaría su cara de sorpresa cuando abrí la carpeta y le mostré toda la colección de certificados de cursos de formación ocupacional que había realizado, más la especialidad en ofimática y los diplomas de inglés y francés.
Reconózcalo, no se lo esperaba. Y de haberme dejado hablar, también le hubiese contado que hace poco me matriculé de un par de asignaturas de Empresariales, consciente de que cada vez se exige más preparación, y el reciclaje es casi una obligación para los que pretendemos desfilar por la pasarela de las entrevistas de trabajo sin meternos la gran piña. ¿Sabe? Disfruto de las clases en primerísima fila y tomo tantos apuntes como mi mano da de sí. Como puede intuir, yo no pertenezco a la clase de privilegiados que se pasan las horas en las barriladas del Campus y luego duermen la mona tirados en el césped con los apuntes apestando a cerveza, o liando porros en la intimidad de los cuartos de baño. Esa es una de las ventajas de haber llegado a la madurez –palabra maldita entre vosotros, los jefes supremos-: que se aprende a valorar cada palabra, cada situación que ofrece la vida.
Cuando salí de su despacho tuve la certeza de que también incumpliría esa máxima de “ya te llamaremos”. Me la han repetido en tantas ocasiones que hasta he hecho un pacto con la memoria para olvidar la cuenta. Pero a diferencia de otras entrevistas, en esta he conjurado a todos mis ovarios para escribirle estas líneas, que bien podrían valer para cualquier otro empresario que me haya prejuzgado con la soberbia del que se encuentra bien a gusto encaramado al poder.
Es el único medio con el que cuento para hacer oír mi voz. Quizás nunca me llegue a contratar en un futuro, quizás sea verdad la leyenda urbana que da cuenta de la existencia de listas negras compartidas por empresarios, pero al menos me queda la tranquilidad de haber puesto una piedra en la lucha por la igualdad que otros dinamitan. Usted tiene en su mano el poder de sacarme de la listas del paro. Yo aún cuento con la fuerza de la palabra.
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Rocio Rubio Garrido

Sevilla

Estudios de Doctorado: Realizando la tesis doctoral en la Facultad de Filología Árabe de la Universidad de Sevilla. Diploma de Estudios Avanzados (DEA) con sobresaliente por unanimidad.
Licenciada en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla (promoción 1997-2001).

Ganadora de un accésit en el I Certamen Internacional de Relatos Hiperbreves 2005 convocado por el Ayuntamiento de Burgos.



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ACCESIT
ACCÉSIT: Isabel Codes Moreno
La paciencia de una mujer o veinte años no son nada.
Estudio en la Universidad Laboral de Almería. En Granada se licenció en Biología. Desde hace 15 años se dedica a la enseñanza de las Ciencias. Actualmente trabaja en un instituto de Marbella

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La paciencia de una mujer o veinte años no son nada

Todos los viernes se desplomaba en el sofá y miraba hipnotizado las imágenes de una cadena deportiva. Permanecía así hasta el domingo por la noche, comiendo sólo frutos secos, patatas fritas y algún trozo de piza y bebiendo cerveza de lata que le traía su mujer cada hora y media aproximadamente. Tras unas vacaciones de dos semanas, no se levantó.

Cada vez comía y bebía menos y espaciaba más sus visitas al baño. Pasados unos meses, dejó de comer y de beber, ya no se levantaba nunca.

Un día, al pasar la aspiradora, su mujer comprobó que le estaban saliendo raíces y empezó a regarlo. Su aspecto era ahora nudoso y ligeramente verde. En los días nublados palidecía y su respiración se ralentizaba. Ella comprendió entonces que se había vuelto fotosintético pues su estado se agravaba si no abría las persianas.

Tras veinte años de riego y limpieza diarios, él se había transformado en un bulto enorme sobre el sofá, sus raíces se extendían por todo el salón. En cierta ocasión, ella sintió que el extremo de una raíz quería estrangularla. Fue la gota que colmó el vaso.

Bajó todas las persianas de la casa y dio un portazo al salir.
ACCESÍT: Antonia Armijo Sánchez
La Contadora de Cuentos
Profesora de Enseñanza Secundaria, gano el Certamen de Poesía “Villar del Rey”, en Cuenca, en el año 2.000. Accésit del premio de poesía de la facultad de Letras de Murcia, 2005. _
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LA CONTADORA DE CUENTOS
Tenía el paso distraído, propio de los ancianos, aunque vivaracho; el moño “repainao” y unos grandes y hermosos ojos azules.
Ese era todo el recuerdo físico que mi abuelo guardaba de María la Partera. Debió nacer aquella mujer a mediados del siglo XIX; ya peinaba plata poco después de lo de Cuba. Eran aquellos, tiempos de desdicha, y mi abuelo aprendió a respetar el dolor ajeno. Por eso no supo, o no quiso, contarme la historia del misterio de la hija de María la partera. Tan solo decía “...Era una mujer admirable que tenía todo lo que había que tener”.
De joven fue la belleza de la Sierra, menuda y discreta, además de hermosa. Según contaban, a los dieciséis años tuvo un “percance”. Nadie supo jamás el autor de su “desgracia”; sólo, tiempo después, se cantaba en el pueblo:
“A María la Partera,
no se sabe quién la vio,
pero el galán que la viera
vio la vida de una flor.”
Sus padres marcharon a un cortijo de medianeros. Quizás huyendo de la vergüenza, quizás porque tenían dos hijas más pequeñas... cosas de la época. Le dejaron la casa, apenas cuatro paredes medio podridas y un corral mal ventilado. La joven se las arregló como pudo. Y pudo muy bien.
No se la veía apenas en la calle; ni siquiera iba a la Iglesia. Algunos suponían que fue una crisis de fe, otros en sus sospechas iban más allá. Sólo abandonaba la casa para trabajar en lo que le salía. Aprendió a amasar, ayudaba en las matanzas, en los blanqueos, en los arreglos interminables de las casas, en las bodas, bautizos y comuniones. Remendaba, lavaba y planchaba para fuera, siempre con su hija al ijar o cogida de las faldas. Como tenía buenas manos, le salía más trabajo del que podía.
Desde que tuvo a su hija se interesó por aprender a alumbrar. Siempre que podía iba a ayudar a la hermana Sebastiana, o la hermana Felisa, parteras oficiales y con el tiempo heredó el oficio. Para su hija era un día de fiesta, sobre todo si el crío nacía en cortijo porque así se quedaba mucho tiempo en la calle, o en cámaras y corrales, jugando con los muchachos del lugar.
Manifestaba un sentido del humor fuera de lo común. Vivía para su niña, pero tenía también un profundo y sorprendente mundo interior. Gozaba de una gracia natural para referir historias, o invertarlas, que le dio fama en toda la comarca. Especialmente solicitadas eran sus historias de muertos, “pantasmas” y aparecidos, y, junto al fuego, a la luz del candil, ponía la carne de gallina a las comadres. Incluso más de un mozo, altanero y fuerte como olivo, sintió extraña conmoción al mirar sus grandes ojos azules, brillantes como ascuas de agua al reflejo de las llamas, mientras susurraba misterios en noches de difuntos.
También sabía rimar historias y hacer poesías, y hubo gente que quiso pagarle por alguna, pero ella decía que sólo cobraba por el trabajo hecho por sus manos, no por el de su cabeza.
A su manera era rica, pues de nada le faltaba. Juntó tanto, que podía pagarle a “la maestra niñas” para que enseñara a su hija. Según cuentan decía que ella trabajaba con las manos para que su hija lo hiciera con la cabeza, y que algún día sería una escritora famosa.
En todo destacó María: hacía bien los “bodrios”, parteaba bien, era tan limpia como la más limpia que la memoria alcanzara. Conservó, a su manera sigilosa y prudente, la frescura de una juventud malograda. Murió años antes de las conmociones de la Guerra. No llegó a oír hablar de los derechos de la mujer, ni sospechó siquiera la posibilidad de un mundo distinto a aquel de su tierra natal.
Cosechó fama, reconocimiento y respeto pero, para mi abuelo, María la partera fue su abuela favorita. Su gran contadora de cuentos.
ACCÉSIT:
Eva Mª Fernández Salgado
Puesta de Largo
Licenciada en Psicología. Aficionada desde muy pequeña a la lectura y la escritura, comenzó publicando algunos cuentos en revistas infantiles.
Desde el 2002 participa en talleres de lectura y escritura creativa en Sevilla, a consecuencia de lo cual publica algunos relatos.
En el 2005 termina su formación como Correctora Profesional de Textos.
Publicación del relato “Soledad” en la compilación Viernes de Otoño editado por Ed. Padilla (2003)
Publicación del relato “Vidas prestadas” en la compilación La Arpista Diáfana editada por la Fundación Lara
En preparación la publicación del relato “La reunión del té”, a cargo de la Fundación Lara

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Puestas de largo EVA FERNÁNDEZ SALGADO

Para algunas de nosotras amaneció más temprano de lo habitual. Mientras la mayoría de la tribu seguía durmiendo aún, incluso mi hermana pequeña Kimba, nosotras ya llevábamos algún tiempo preparando el trayecto: sería una larga caminata al sol que, dentro de poco, luciría en todo lo alto, por lo que nos habíamos provisto sobre todo de agua.
La casa de las mujeres está lejos, para que puedan recluirse allí cuando sangran y así no contaminen el poblado. Allí nos esperaría Oureye, la comadrona, que le aconsejó a mi madre que purificáramos a Kimba antes de mi boda, y pudiéramos ya así dejar arreglada la suya: “¡debéis cortar el mal cuanto antes o no podrá conseguir un muchacho de buena familia!” . Kimba tenía ya diez años; Nadie querría apalabrar el casamiento con una niña que aún se pasa el día subida a los árboles, como los niños.
- Kimba, Kimba, es hora de levantarse –mi hermana entreabrió los ojos quejándose, sorprendida por tener que levantarse cuando aún parecía ser de noche.
- Vamos pequeña, no seas perezosa, nos espera una buena caminata: hoy entrarás por primera vez en la casa de las mujeres, con nosotras.
Abrió tanto los ojos que pareció imposible que estuviera dormida hacía apenas unos segundos.
- Entonces, ¿ya podré andar como tú y mamá?
Desde muy pequeña, Kimba trataba de imitar nuestra manera de andar, con pasos cortos y las rodillas juntas. Nosotras calmábamos su impaciencia diciéndole que muy pronto, cuando fuera una verdadera mujer Dongo, caminaría así ella también, cuando el mal hubiera desaparecido de su cuerpo.
Fuera nos esperaban mi madre, mi abuela y dos hermanas de mi madre. Con el incipiente clarear del alba nos pusimos en marcha.
* * * *
Mientras hacía cola en el centro comercial con su amiga Nuria para comprar las entradas del concierto al que tanto había deseado ir, Marta sólo podía pensar en que sus padres ya no podrían negarle ese regalo de fin de curso que le habían prometido, quizás convencidos en vista de los antecedentes de que sería imposible que llegara con el boletín de notas sin un solo suspenso.
Ahora dio por buenas todas esas estupideces que había tenido que memorizar durante todo el curso para, al menos, aprobarlas todas. Nunca habría sido capaz de conseguirlo si no fuera porque el premio merecía la pena. Desde hacía un mes tenía ya dieciocho años; ya no había ninguna excusa: por fin le pondrían dos tallas más de sujetador.
Casi deseó que pusieran el cartel de “agotadas todas las entradas” para salir corriendo a comprar las camisetas que, dentro de poco, podría llevar por fin bien ajustadas para lucir su nuevo pecho; ¡todos los chicos la mirarían!, se convertiría en una mujer de verdad, como las que salían en la tele. Quizás, algún día, ella también podría ser famosa.
* * * *
Kimba estaba muy cansada cuando llegamos a la casa de las mujeres, no había dejado de preguntar cuánto faltaba. Por eso no fue difícil conseguir que se tumbara sobre la manta que Oureye ya había preparado sobre el suelo de la tienda.
Cuando empezamos a quitarle la ropa me miró extrañada, aunque no se atrevió a preguntar nada, tal vez asustada por la expresión seria de la vieja Oureye y el silencio sepulcral con que todas nos dedicamos a desvestir a la niña. Estando ya completamente desnuda le abrimos las piernas, sujetándola cada una de nosotras de una extremidad. Yo me senté sobre su pecho:
- Ssssss, tranquila- susurré, mientras le metía en la boca un trapo que pudiera morder y nos ahorrara los gritos.
En ese instante Oureye se aproxima con una navaja en la mano. Me parece verla el día en que me lo hizo a mí, en aquella ocasión con el borde de una lata. Tal vez sea esta misma navaja la que emplee dentro de poco, cuando yo misma tenga que volver, a que me prepare para mi noche de bodas.
Oureye mete la mano entre las piernas de mi hermana mientras pronuncia unas palabras que no comprendo. Un reguero de sangre recorre sus muslos, al tiempo que sus ojos, locos de terror, se inundan de lágrimas. Entonces empieza a moverse entre fuertes convulsiones, tratando de liberarse de nuestras manos, por lo que Oureye nos advierte que debemos sujetarla con firmeza, de lo contrario no podrá ver bien el sitio exacto donde tiene que cortar.
Ahora la sangre mana sin fin piernas abajo mientras miro a mi hermana, suplicándole que se esté quieta. Justo antes de desmayarse me miró interrogativa. ¿Cómo decirle que no es lo que cree? ¿Cómo decirle que no es mi intención hacerle daño?
* * * *
La madre de Marta se encargó de arreglarlo todo en la clínica donde le pondrían a su hija los implantes. Decidió acudir al mismo médico que le hizo la “lipo” y le puso el bótox: ¡le había dejado un aspecto tan juvenil!
Para Marta fue una suerte que el médico fuera de confianza, porque ahora que estaba tumbada en la camilla, aturdida por esas luces tan fuertes, sintió un poco de miedo a pesar de todas las veces que le habían explicado cómo sería la operación. Nunca antes había entrado en un quirófano.
La última llamada que hizo fue a su amiga Nuria. Siempre había pensado que ella tenía suerte porque tenía ya mucho pecho, por eso sintió una gran satisfacción cuando la oyó confesar su envidia porque Marta lo tendría ahora mucho más bonito que ella: como eran prótesis no tendría que preocuparse de si se le iba a caer.
-Marta, ahora notarás cómo te irás quedando dormida. Cuando te despiertes ya estarás guapísima con tu pecho nuevo. Así que relájate.
Se sentía tan emocionada que eso de relajarse le pareció bastante difícil, así es que se le ocurrió pensar en Pablo; seguro que ahora por fin se fijaría en ella. Así, poco a poco empezó a sentir cierto sopor, como cuando se adormilaba tumbada al sol, en la playa. Justo así se imaginó: sobre la arena, con un bikini espectacular sobre su piel caliente, luciendo un pecho grande, maravilloso, del que Pablo no podría apartar sus ojos...
* * * *
Mi madre salió esta mañana a recoger a Kimba, tal y como Oureye le había dicho el día que abandonamos la casa de las mujeres. Tuvimos que dejarla allí después de coser la herida con alambre y vendarle las piernas. La comadrona debía vigilar que la herida cicatrizara correctamente y se cortara la hemorragia. Mi hermana había perdido mucha sangre, y Oureye nos advirtió que quizá tardaría más de lo habitual en volver.
Ya al atardecer salí a esperar ansiosa su llegada junto al árbol al que Kimba solía subir con otros niños. Yo la ayudaría a entender que ahora empezaba para ella otra etapa: ya era una mujer, ahora podría encontrar un buen marido con quien criar a sus propios hijos. Seguro que así comprendería que su sacrificio había merecido la pena.
Sin embargo, deslumbrada por el disco anaranjado del sol que se ponía, quise pensar que era un espejismo lo que vi: sólo se aproximaba una figura, la de mi madre. Allí la esperé, abrazada a ese árbol al que Kimba ya nunca más volvería a trepar.
* * * *
Marta ya estaba en casa al día siguiente, frente al espejo. Ya podía apreciar su nuevo perfil, a pesar de los vendajes. Hoy saldría con Nuria a comprobar qué efectos causaba su nueva anatomía. Se puso un jersey muy ajustado y cogió una revista. Se miró con diferentes poses, imitando a esas mujeres a las que tanto había envidiado y de las que nunca se había sentido más cerca. Aunque, ahora que se fijaba... ¿quién sabe? Quizá si se esforzaba un poco más el próximo curso podría estrenar también unos labios más carnosos.


Galardonados en el III Certamen

MUJER
Juan Olivares González
Navas de San Juan.



Brisa fulgor serena
necesaria presencia
verdad irrenunciable
que lates al unísono
de cada corazón.

Madre bendita tierra
fecunda apasionada
coraza contra todos
los más fieros embates
que presagia la noche.

Hija dulce promesa
pájaro hierba río
paraíso constante
delicado cristal
reflejo de uno mismo.

Niña limpia mirada
que ilumina los días
caracola infinita
nube rosa ventana
que se asoma a la vida.

Árbol fuerza deseo
de profundas raíces
amor gozosa entrega
que nada pide a cambio
voluntad compartida.

De venerables surcos
ha sembrado la edad
tu piel y tu sonrisa
y ha bañado de plata tu pelo
y ha fijado tu alma de niña.

Sutilmente halagada
brutalmente agredida
carne objeto silencio
sangrante hasta la muerte
vejada sometida.

Quien te hizo mujer
nunca te quiso esclava
te llamó libertad
paz aroma jardín
manantial de agua clara.

y te llamó dolor
piedra angular montaña
que sostienes el mundo
sobre tus poderosas
y frágiles espaldas.

Pregúntale a los dioses
quién te ha dado el aliento
la garra y el espíritu
de la luna de mayo
quién te hizo voz y tiempo.

Ni el rumor de las olas
ni el sonido del viento
o la música lenta
de la lluvia callada
te hablarán de tus sueños.

Busca dentro de ti
árbol nube montaña
manantial fulgor fuerza
paz aroma jardín
y hallarás la respuesta.





1º PREMIO DE RELATO
PEDRO MARTINEZ GARCIA
CANENA -JAEN

La osadía era un término que le definiría. Su voluntad primaba sobre las convenciones. Pasando por encima de las barreras familiares, sociales e incluso de algunas reglas eclesiásticas ingresó en el seminario para ser sacerdote. Su imagen concordaba con la del sonriente rostro que manifiesta el gozo de la llamada de Dios; muchachos que sienten en el corazón la llamada del Señor y a los cuales se atiende y cuida con doble formación fisica-­intelectual y moral para prepararlos como dignos ministros del Altísimo.

Eran tiempos de apertura: nuevos embajadores en Madrid, el refrescante color del cinemascope, los primeros coches de fabricación nacional rodaban por las carreteras y la fuma del concordato con el Vaticano. Pensó que era el momento para poner en práctica su plan: desde el púlpito podría aportar su granito de arena en pro de la justicia con la fuerza del mensaje evangélico. Otros buscaron otras vías. Acertó; el seminario era un semillero de nuevos tiempos, de nuevos idealismos para una nueva sociedad que quería olvidar la palabra cruzada Y la hipocresía de las palabras: " ni misas, ni mujeres, ni vino".

Se ordenó sacerdote en la catedral de Jaén con todo el boato y ceremonial correspondiente y rogó con fervor cumplir con honestidad la tarea que se había encomendado por encima de todo. Con emoción contenida abrió el sobre con su primer destino: Canena; Parroquia de la Inmaculada Concepción.

Desde la ventanilla del seiscientos que le trajo al pueblo pudo contemplar por primera vez la imagen amable de un pequeño pueblo de casitas blancas arracimadas alrededor de un imponente castillo de Pétrea solidez que dominaba el conjunto. Era verano y hacía un calor insoportable. Pronto acudieron al coche grupos de niños y niñas de vestimentas más bien harapientas y sucios a los que no acertó a clasificar si como pobres o abandonados de la mano de Dios.

-¡El cura! ¡Ha llegado el cura nuevo!

Tampoco tardaron en salir a recibirle el Alcalde y algunas beatas que le pidieron su primera bendición.

Por calles tortuosas y mal empedradas le guiaron hasta la que seria su casa, junto a la iglesia. Satisfechas las primeras curiosidades le dejaron descansar. Desabotonó su sotana que le oprimía en demasía el pecho y se quitó el alzacuello empapado en sudor. A pesar del calor y la inquietud inicial pudo más el cansancio y se echó en su catre para descansar. .

En pocos días se le había presentado medio pueblo y era reconocido por el otro medio. Pronto tuvo una cohorte de monaguillos, hijos todos de muy buenas familias. Aunque desde el primer día estuvo invitado en muchas casas rechazó amablemente todas las proposiciones, creyó fundamental mantenerse independiente, no atarse a nadie para poder servir a todos. Ni siquiera por deferencia aceptó las buenas viandas de la mesa del Alcalde y por ello recibió, sin percatarse, las primeras críticas.

El primer día que vistió la casulla, la estola, el cíngulo... sintió la "emoción y los nervios del principiante, del viajero ante una nueva aventura pero a la vez el aplomo y la seguridad del que tiene muy claros sus fines. Cuando apareció ante el altar acompañadopor sus monaguillos, los fieles hicieron un silencio expectante para saludar su presencia y recibir sus primeras palabras. i Y a fe que sus palabras fueron .bien escuchadas! Desde el saludo basta su despedida fue analizado y desmenuzado para ver o entrever, entender o sobrentender el alcance de sus palabras tan distintas y distantes de las del último sermón, pronunciado por D. Antonio el día de su despedida.. Los bares, las tiendas y las calles, con sus tertulias espontáneas de vecinas al barrer sus puertas, se hicieron eco de ellas: Demasiado joven. Demasiado ingenuo e idealista- Demasiado fino. No comprenderá a este pueblo. Tendrá problemas. No le dejarán hacer. Se tendrá que marchar.

Desde su llegada fue observado desde multitud de ángulos. Vestimenta,
modales, salidas, entradas, compañías, gestos, ademanes, compras, corre… con asombro se recibió la noticia de la llegada de una gran caja, toda precintada, a su nombre. Después de muchas especulaciones se supo que su contenido era peligroso: cientos de libros.

Un gran lector. Frugal en las comidas, Sencillo en el vestir. Dulce y amable en el trato. Demasiado dulce según algunos. A escondidas de los hombres las mujeres comentaban la belleza de su rostro y la limpieza de su cutis. Un ángel.

Igualmente, enseguida supo él de virtudes y defectos de sus feligreses. Sobre ellos quería actuar, y no sólo de palabra. Adivinó las carencias de cada hogar necesitado, pero sin distinguir entre devotos o ajenos a la iglesia. Procuró ayudarles procurándoles desde alimentos hasta trabajo; alentó, colaboró, alegró, se compadeció, compartió lo poco que tenía con los más pobres. Para ellos pidió, imploró, exigió y denunció siguiendo el evangelio.'A nadie fue indiferente.

Lector impenitente y voraz tenía en los evangelios y en las encíclicas y pastorales las columnas de su fe y de su fuerza para actuar. Desde el púlpito de madera sostenido sobre una columna a la izquierda de los fieles que miraban al altar, se desgañitaba y enrojecía repitiendo con vehemencia palabras aprendidas y meditadas que retrataban la realidad que estaban viviendo: "El pan nuestro de cada día". "No tan sólo la justicia y la caridad cristiana sino la misma humanidad pide y exige que se atiendan los clamores de los que piden con angustia un pedazo de pan". "La iglesia no quiere ser cómplice de una gran injusticia".

Los sermones causaban su efecto: en unos disgusto, en otros propósito de enmienda, y en muchos otros satisfacción porque pensaban que ya era hora de que alguien estuviera comprometido a su lado.

Pronto dejó el Alcalde de frecuentar la iglesia y las procesiones dejaron de tener
tanto brillo; la procesión iba por dentro después del sermón en los días señalados. Aunque el cura acompañaba, sus palabras aguaban la fiesta. Un coro de señalados hicieron causa común con el Alcalde y los bancos de los fieles se fueron despoblando. . Empezaron a buscarle los pies al gato.

Durante las confesiones notaron que el cura se ponía muy nervioso,: sobre todo con los hombres, lo que no dejaba de ser algo singular. Había fechas señaladas, tal que ciclos lunares, en que detectaban cierta palidez y gestos de fastidio o dolor en su párroco sin encontrarle causa aparente. Una vez que enfermó y tuvo que guardar cama durante varios días se le envió al médico para que le reconociera, no por su voluntad, y éste salió lívido, como si hubiera auscultado al mismísimo diablo. A todo ello se unía la carita tierna, las manos delicadas, la voz feble sólo alterada en las homilías y ciertos ademanes que levantaban no pocas suspicacias.

Pero con la salud, volvían las prédicas tonantes adobadas por la fuerza de su mirada inquisitiva y sus gestos, sorprendentemente agresivos en esos momentos, casi amenazantes: " No basta con que se reconozca que los gobiernos están para la felicidad de los pueblos y no para su engaño y explotación, hay que demostrarlo con hechos: escuelas, hospitales, trabajo.--" "Qué hacen los poderosos que tienen la obligación de poner sus riquezas en marcha, qe distribuir equitativamente la renta y dinero en proporción al trabajo de los hombres"

Considerando que el joven cura había traspasado la línea de lo que podían soportar y presintiendo que detrás de esa figura de querubín se ocultaba algún secreto, decidieron espiarle. Las pesquisas pronto dieron resultado.

El día 15 de Agosto de 1958, estando abarrotada la parroquia, ese día sí que estaba el Alcalde y su camarilla, dos hombres de pantalón negro y camisa azul, con correas de cuero y la hebilla dorada del cinturón con el yugo y las. flechas, entraron. acompañados del médico en medio de la ceremonia y detuvieron, ante el estupor del público, a Don José, bajándolo de malos modos del púlpito y haciéndole desaparecer por el altar mayor hacia la sacristía.

En pocos minutos, antes de que la tensión estallara, un camisa azul comunicó
escuetamente: Caneneros, D. José no es D. José sino Josefina. Josefa Díaz Barrios acaba de ser arrestada para responder de graves cargos por atentar contra la sagrada.
institución de la Iglesia
y el orden público

Pasada la conmoción, todo volvió a ser como antes.