domingo, 13 de noviembre de 2011

Premio Relato 2011

PREMIO RELATO
Una papelería completa
Mercedes Sáenz Blasco 

Naci en Logroño, donde pasé mi infancia y primera juventud. Estudié Enfermería, y  en 1990, al terminar la diplomatura, me trasladé a Sevilla. Trabajé allí, en el Hospital Virgen del Rocío, durante 8 años. En 1998  aprobé las oposiciones del INSALUD y conseguí plaza en el Hospital de Mérida, ciudad en la que vivo desde entonces y que ha visto nacer a mis dos hijos.
Aficionada a la lectura-escritura desde siempre, escribo con regularidad desde hace dos años. Tengo un blog:   http://jasonia69.blogspot.com donde vuelvo pensares y poemas.
UNA PAPELERIA COMPLETA
¡Imposible! ¡He tenido que leerlo mal! Intrigada, bajo al mínimo el fuego donde un par de huevos fritos acaban de convertirse en una suculenta ración de huevos estrellados y esprinto por el pasillo hasta llegar al dormitorio. Allí, en un rinconcito de la cómoda, sepultado bajo el pijama de mi marido y una pila informe de facturas yace, casi olvidado, mi ordenador. Me saluda parpadeante, con una agónica lucecita roja a modo de S.O.S “¡Mierda, otra vez se me ha olvidado enchufarlo! ¿Dónde estará ahora el cable?” Aprovecho mientras lo rebusco para terminar de hacer la cama, que esta mañana, como llegaron los pintores, he tenido que dejar todo a medias para  organizarles el trabajo. Tres pares de zapatillas, la funda de la nintendo, y  la circular del colegio recordándome que esta tarde, a las seis, es la recogida de notas, ah, ¡y el cable, menos mal! Los bajos de mi cama son una sucursal de la cueva de Ali Babá.
   Enchufo. Tecleo la contraseña -¡ilusa de mí!, como si  los niños y mi marido no  la supieran- y, mientras se despereza, termino de alisar la colcha. La voz de Nino Bravo resuena desde el bolsillo de mi delantal: “Libreeeee…, como el sol cuando amanece yo soy libreeee…” ¡Libre! -repito irónicamente-, Madre mía, el que inventó el móvil no sé si era consciente de que nos estaba encadenando de por vida.
-Hija, ¿dónde te metes? Llevo toda la mañana intentando localizarte.
-Hola papá. ¿Qué tal las vacaciones? ¿Ya habéis vuelto del balneario?
-Sí, sí, muy bien, pero ahora tu madre dice que se le ha encajado un dolor en la rodilla y no se puede ni mover.
-¡Eso es que se ha acostumbrado a la buena vida, con tanto masaje y aguas termales!
- Sí, supongo, pero el caso es que está aquí, apoltronada en el sofá y no es capaz ni de recoger la casa ni de hacer de comer.
-No te preocupes, que tenía pensado hacer arroz a la cubana, así que echo un puñado más, y ¡listo! Os lo acerco en un “tupper” de aquí a un rato.
-Vale, cariño, y de camino te pasas por la farmacia  y compras las pastillitas esas de los dolores. Son unas redondas y blancas…, no me acuerdo del nombre… ¡Ah! Le he pedido cita para mañana en el ambulatorio, tendrás que acompañarla tú, porque yo he quedado con los amigos para echar la partida, que hace un montón de días que no les veo…
¡Amigos! Una palabra que como otras muchas –peluquería, gimnasio, manicura, libro, sofá, mando a distancia, silencio- desapareció hace tiempo de mi vocabulario.
-Por cierto, papá, ¿puedes llevar tú esta tarde al niño a la clase de judo y a la niña a la de música? Es que tengo aquí a los pintores, y  además  reunión en el colegio a las seis y junta de vecinos a las ocho.
-Hija, ya sabes que el médico me ha mandado tranquilidad, que ya no tengo el corazón para sobresaltos, y a mí los niños, en cuanto empiezan a corretear como locos me disparan la tensión. ¿No te puede echar una mano tu marido?
-Es que tiene que trabajar – ¡claro, lo que yo hago es puro entretenimiento, pasar la aguja sin hilo como diría la abuela!- No regresará hasta las nueve y pico, con el tiempo justo para darle el relevo y yo pueda salir pitando hacia el hospital, que esta noche tengo guardia.
-Señoraaaaa… ¿tiene usted otro destornillador de estrella?
La voz del pintor me sobresalta. “Tengo que colgar, papá, gracias de todas formas…”. Rauda, acudo a la llamada de la selva, porque así es como tengo la casa: una verdadera selva. ¡Aquí me gustaría ver a los famosillos esos de la tele, seguro que no encontraban ni el frigorífico! Por cierto, a ver si saco un rato para bajar a la compra, que el pobre está en las últimas. Ni “actimeles”, ni huevos, ni jamón de york, ni mantequilla, ni zumos, ni…sí, voy a hacer la lista que luego se me olvida todo.   
- El que le haya montado esta estantería se ha lucido. No hay manera de soltarla, ¡ni que hubieran “agarrao” los tornillos con hormigón! ¿Habrá sido su marido, no?
- ¡Qué va! ésa, y los muebles de la salita los trajimos del “Ikea”, y los monté yo misma aprovechando un fin de semana que tenía libre -el único de aquel mes, por cierto-. No han quedado perfectos, pero ya vale, ¿no?
No puedo evitar cierta sensación de orgullo que se me desbarata al instante.
-¡Hombre, éste anda un poco “descuadrao”, pero da el pego…”pa” ser mujer ya vale…oiga, parece que huele como a “quemao”, ¿no?ésos!
-¡Coño, la sartén!
Ni fritos ni estrellados, directamente chamuscados. Apago la vitro y abro la ventana. La humareda, mezclada con el olor a pintura se me cuela por los bronquios, ¡lo justo para mi alergia! Friego la sartén. Estornudo. Limpio la encimera. Estornudo. Busco una cazuela para el arroz. Estornudo. Pongo el agua a hervir. Estornudo. Rebusco en la alacena. Estornudo. ¡Vaya, tampoco queda arroz!
-Señora, que nosotros ya nos vamos, volvemos esta tarde, a eso de las cuatro. Desaloje un poco el dormitorio de los niños  para darle un par de manitas.…  
Miro el reloj. ¿Pero ya son las dos? ¡Habrán cerrado la farmacia! ¡A ver qué le digo yo ahora a mi madre! Si es que va a llevar ella razón, soy un desastre, un desastre…
Corro hacia el dormitorio. Me quito el delantal, las zapatillas, la camiseta, “¡uf, qué peste a sudor, otro día sin tiempo para ducharme”, y mientras busco un vestido medio decente que ponerme, de reojo, veo el ordenador. ¿Qué era lo que estaba yo buscando? ¡Ah, sí, las bases del certamen literario “Carmen de Michelena”, porque  no me cuadra, ¡es imposible! ¡He tenido que leerlo mal!  Veamos. Aquí dice “Tema: el papel de la mujer hoy”, eso está claro, y extensión “máxima de tres folios”. ¡Hala! ¡Y se habrán quedado tan panchos! ¡Con eso no tengo yo ni para empezar! Además, creo que se han equivocado en el título, porque “el papel” así, en singular, suena demasiado “light”, como los yogures desnatados, vaya, - uy, yogures, ésos también faltan- Porque si fuera sólo un papel, o dos a lo sumo, aún podíamos cantar victoria, pero ¡lo nuestro es una papelería completa! 

En fin, me voy al súper, y me llevo el único papel que de verdad me interesa, el de la libreta verde que compré la última vez que decidí retomar mi frustrada pasión por la escritura. Seguro que mientras espero turno en la carnicería se me ocurre algo. ¡Se van a enterar!

Mercedes Sáenz Blasco 




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